Art n Corporations

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Los museos en el último cuarto de siglo XX dejan de ser escaparates de arte para pasar a participar de la calle y después ser protagonistas. Este paso de transformación urbana se ha convertido, en los últimos años en un fenómeno de deslocalización de las grandes marcas del escenario mundial de museos. Convirtiendo a los museos en franquicias.
Quiero citar algunos de los casos paradigmáticos de museos que han multiplicado su patrimonio artístico-cultural y financiero en el mundo:


Guggenheim, New York, USA: actualmente cuenta con filiales en Venecia, Bilbao, Berlín, Abu Dhabi (Emiratos Árabes) y permite licenciar su marca para productos de diseño innovador. Dentro de sus próximos mercados target se encuentran Manhattan, Guadalajara, Shangai y Hong Kong.

Louvre, París, Francia: además de ofrecer una muestra en el High Museum de Atlanta (USA) a cambio de 13 millones de Euros, planea abrir dos subsedes: una en Lens (Francia) y, mediante un acuerdo entre los gobiernos de ambos países, otra en Abu Dhabi con una inversión de 700 millones de Euros.

Pompidou, París, Francia: como parte de un plan de descentralización cultural y de difusión hacia el exterior, está avanzada la construcción de una filial en la ciudad francesa de Metz, lindante con Alemania, Bélgica y Luxemburgo, cuya apertura está prevista para mediados de 2010; además se encuentra en obra una sede de 13.000m2 en Hong Kong, que estará lista para inaugurar en 2012.

Museo del Hermitage, San Petersburgo, Rusia: inauguró una filial en Amsterdam, Holanda, gracias a una inversión de 40 millones de Euros y tiene actualmente salas exclusivas en la Somerset House de Londres.


Otro fenómeno creciente en el mercado es la alianza arte-marketing, derivada de la llegada de museos a los lugares de consumo a través de tiendas que recuperan la lógica de las museografías para agregar valor a sus productos y marcas.¿Qué factores pueden incidir en esta nueva perspectiva, en este nuevo nicho que están explotando los museos? Algunas posibles causas serían:

• Generar nuevas fuentes de ingreso y de financiación: éste constituye uno de los principales problemas de los museos ya que el dinero de las entradas y los donativos no alcanzan generalmente a cubrir todos los gastos. Abrir sucursales o “exportar” colecciones puede paliar en parte sus necesidades económicas.

• Aprovechamiento de recursos ociosos: pese a los riegos que implica el traslado y exhibición en ámbitos públicos variados y a los costos por seguro, numerosas obras de arte guardadas en bodegas y depósitos de grandes museos son expuestos salas de diferentes países. Se sabe que estas piezas llegan a representar un 90% del patrimonio de un museo, con lo cual su exposición ante diferentes públicos representa una magnífica fuente de ingresos que complementa a la generada por la exhibición principal del museo.

• La globalización involucra a la cultura: el mundo también está globalizando el entretenimiento, y el arte no es una excepción. Cada vez más los museos salen a captar nuevos públicos en puntos remotos.

• El turismo actúa a favor de los museos: un buen museo retiene a los turistas. El Louvre, por ejemplo, recibe 6 millones de visitas al año; o la franquicia de la Fundación Guggenheim de Bilbao recibe 900.000 al año. Las fechas de mayor promoción turística aumentan notablemente la circulación de visitantes dentro de los museos; así, el Museo del Prado recibió durante la pasada Semana Santa de 2009 unas 75.225 visitas en 6 días. 

• Aumento de benefactores e ingresos por patrocinio: muchos museos ya cuentan con programas de fidelización de benefactores y captación de nuevos patrocinadores.


Pero, ¿son estas sucursales una forma de hacer los museos accesibles a un mayor número de personas, o un paso hacia la mercantilización y la estandarización del arte y las ciudades?


Lo significativo del caso es que desde una perspectiva, parece valioso que se puedan crear núcleos de concentración de las artes y las arqueologías que puedan servir como focos de proyección de lo más selectivo de las expresiones culturales del entorno en que se encuentran; sin embargo, por otro lado, se corre el riesgo de que, entrando en juego además el aspecto de la mercadotecnia, se desfiguren los propósitos básicos del crecimiento cultural e intelectual de las comunidades.


El riesgo radica, como en todas las franquicias, el del monopolio, en este caso, el hecho de que unos pocos concentren el arte y el conocimiento acumulado de la sociedad puede resultar en un fenómeno cultural de tipo feudal: las artes y las ciencias en manos de unos cuantos y la ignorancia -y como consecuencia- la opresión para las masas sociales.


Las industrias culturales se han convertido desde el siglo pasado en una gigantesca maquina generadora de ingresos económicos y hoy en día representan un enorme poder no sólo para la comunicación cultural ideológica, sino en el aspecto económico a nivel mundial.
 
Asimilar la cultura a un sistema de producción caracterizado por la homogenización y la producción en serie, es lo que entre otras cosas ha transformado a la mayoría de las galerías comerciales de arte, en centros de clonación en donde las formulas exitosas se repiten hasta el hastío. Su lema: "el mejor arte es el que mas se vende."
 
De adoptar la lógica del “industrialismo fundamentalista” (que quiere abarcarlo todo y cuya manifestación más despreciable es la patente e industrialización de organismos vivos- desde bacterias hasta genes- con fines eminentemente lucrativos) seguiremos los pasos de la devastación de las culturas autóctonas producidas por una “Industria Turística” a la que tanto le da esclavizar la mano de obra de los lugareños para producir masivamente “souvenirs” de pacotilla , desnaturalizando lo que alguna vez fueron legítimas artesanías autóctonas, como inventar “reliquias” para viajeros incautos, fabricadas incluso en el exterior (cuestión de costos y optimización de ganancias)

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