- Jamás volveré a consumir nada de McDonald's, BurgerKing, et similia (nisiquiera su nieve)
- Intentaré seguir más a menudo una dieta balanceada con comida hecha en casa (obvimaente vegetariana :D )
- Procuraré rescatar desdichados empleados del McDonald's mas cercano.
Volviendo al libro en cuestión, es un documento espeluznante, y muy bien redactado. Es adictivo, en la medida en que la visión del Apocalípsis lo es. Cada página está cargada de datos y relatos terroríficos sobre la realidad de las cadenas de comida rápida americanas, una industria con millones de empleados en todo el mundo.
Si el problema consistiera únicamente en lo denunciado en el documental SuperSize Me, quizá el libro no hubiera sido necesario. Puesto, que no nos referimos únicamente a modelos nocivos de alimentación, sino a muchas más cosas, una denuncia como la de Eric Schlosser es muy apropiada. En 450 páginas, el autor analiza y disecciona los imperios de la comida basura.
¿Qué hay detrás de las Big Mac y los McFlurry que se comen todos los días en los casi 30.000 locales de McDonald's repartidos por el planeta? ¿En qué condiciones de trabajo se hallan sus cuatro millones de empleados? Éstas son las preguntas que nunca nos hacemos y que Schlosser intenta contestar. Al principio narra el origen de las principales cadenas - verdaderos american tales. Luego empieza a bucear en los recovecos de ese ejercicio apestoso que es el marketing, analizando - por ejemplo - las relaciones con Disney, la penetración de comerciales en los colegios públicos, etcétera.
Por lo que se refiere a lo que ocurre "detrás del mostrador", es fácil de imaginar : prácticas laborales pseudo-esclavistas, imposibilidad de pertenecer a sindicatos, cadenas de montaje y criterios industriales de producción y venta. Como en el siglo XIX, ni más ni menos.
El empleado es una parte más de la máquina-de-hacer-beneficios. Equipos de directivos se desplazan por todo el mundo para mantener a las plantillas tranquilas; en caso de necesidad, recurren a amenazas económicas, cierres, despidos, etc. El mismo discurso se aplica a la producción de la materia prima: monopolios agrícolas, matanzas de ganado en cadenas de montaje, y otras cosuchas apetitosas.









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