Lo interesante es que Elkin plantea un paradigma: hay decenas de millares de textos sobre crítica de arte, solicitados por galerías, museos, instituciones universitarias y privadas, o artistas en lo particular,
argumentando que tales escritos no encuentran lectores y que no está claro si inducen a visitar exposiciones o a adquirir los libros que las documentan.
James Elkins, reclama para la crítica una mayor ambición, entendida como intento de visión global de lo que está ocurriendo en el arte, que no se limite a la respuesta “caso por caso”. Se ha generalizado la actitud de aceptar sin más todo lo que llega. Sin examinar siquiera cómo y, sobre todo, por qué se suceden las modas. Cada una, cada artista, encuentra quien lo justifique. Y los demás, en virtud del relativismo reinante, aceptamos que si a alguien le parece bien, bien está.
Aun aceptando la realidad de que el crítico ya no va por delante sino por detrás de las avalanchas, le queda la posibilidad de cumplir una labor importante. Examinar ese “todo lo que llega” e invitar al espectador a que se sume a ese examen con espíritu independiente. Advertir sobre las omisiones y sobre las equivocaciones. Ir por detrás permite una postura más reflexiva. En este sentido, la crítica periodística debería poder contar con plazos menos apresurados para valorar la actualidad, y así poder cumplir mejor ese objetivo.
En la actualidad, la crítica apenas puede despertar los recelos de antaño, como herramienta dictatorial y de poder. La libertad artística,es total. No sólo no hay voces con mayor predicamento que otras, capaces de aplastar opiniones contrarias, sino que la multitud de diarios, revistas y, sobre todo, webs y blogs hacen posible la contestación y la democratización de la crítica. El ruido producido por tantas voces puede acentuar la confusión, por lo que es preciso que cada cual deje claros sus criterios y actúe coherentemente.









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